Este año, en el que el Papa Benedicto XVI ha proclamado el “Año de la Fe”, debe ser para nosotros un reto, un espacio de tiempo durante el cual nos planteemos cómo va nuestra vida de fe.
Yo me pregunto, nos podemos preguntar todos, cuál es mi concepto de fe, qué entiendo yo que es la fe. Lo primero que me viene a la mente es que la fe es una virtud por la cual creemos aquello que no vemos, o por la que creemos lo que nos dice alguien. Si la fe para nosotros es solo esto, pobre es nuestra fe, pues los demonios también creen los dogmas y siguen siendo demonios.
Para un cristiano, para ti, para mí, que pretendemos identificarnos con Cristo, la fe es mucho más. Es un modo de vivir, porque cuando la fe se queda solo en el plano teórico, cuando la fe no impregna la vida de cada uno, es poco menos que imposible el contagiar a los demás, el transmitir esa fuerza, esa luz que alumbra todos los momentos de la vida del cristiano.
A veces podemos sentirnos “a la vera del camino” como el ciego Bartimeo (Mc 10,46), es entonces cuando hemos de estar atentos al “ruido del paso de Jesús”, en los acontecimientos, en las situaciones difíciles, en las personas que nos rodean,… y pedirle “Maestro que vea” (Mc 10,51).
Señor, que vea la necesidad de renovar mi fe, porque en Ti he encontrado la perla preciosa, el tesoro escondido de tu Amor que me hace verdaderamente feliz, con la seguridad de sentirme amado por encima de todo y de todos.
Señor, que vea la necesidad de purificar mi fe, en una constante conversión que me descargue de todo aquello que me lastra, abandonando mi sistema de vida, rindiendo mi voluntad a tu querer, y así ser creíble.
Señor, que vea la necesidad de confirmar mi fe, con la oración diaria de tu Palabra, siempre nueva, que llena de sentido mi vida e inunda mi alma de paz y gozo; y con el alimento de la Eucaristía para partirme contigo.
Señor, que vea la necesidad de confesar mi fe, sin complejos, sin temores al qué dirán, y ser capaz de contagiar provocando el encuentro con los que se sienten alejados de Ti; porque “la fe se fortalece dándola”.
Pero, he de ser consciente que este camino no lo puedo hacer solo. Necesito estar acompañado espiritualmente, para así discernir y afrontar las situaciones y problemas que se pueden presentar. Necesito vivir con alegría mi fe y celebrarla dentro de mi comunidad, actualizando el estilo de las primeras comunidades cristianas: “…Eran constantes en escuchar las enseñanzas de los Apóstoles y en la comunidad de vida, en el partir el pan y en las oraciones…lo tenían todo en común…y día tras día el Señor iba agregando al grupo a los que se iban salvando.”(Hch 2,42-47)
Paco Linares y Setefilla Martínez
Paco y Sete: qué agradable sorpresa: gracias por vuestra contribución a nuestra ventana.... en nuestra casa estáis. Que Dios os bendiga
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