En la tarde del día 13, celebramos con nuestros pequeños de Catequesis el Miércoles de Ceniza. Con el templo muy concurrido con la presencia de todos los niños integrantes de los dos cursos de catequesis, los padres de familia que los acompañaban, el grupo de catequistas y los jóvenes voluntarios de Misevi, comenzó la celebración.
El P. Sergio nos instó a fijar la mirada en una mochila que aparecía colocada en el centro del altar y que más tarde cargó una niña.
¿Quién querría hacer una excursión con una mochila con tanto peso como ésta? No parece muy lógico ni apetecible ese viaje. Revisamos detenidamente la carga de la mochila. Tres niños colaboraron en buscar los objetos que portaba la bolsa en su interior. El primer niño sacó una piedra que tenía que coger con sus dos manos, una gran piedra, casi cilíndrica. A esta piedra los padres de familia le pusieron el nombre de sus propias dificultades cotidianas: las llamaron “malos rollos en casa”, malos tratos, situación de paro que se alarga, voces destempladas, enfados innecesarios, etc.
Se sacó una segunda piedra. Era el turno de los niños. Ellos describieron, cómo y en qué momentos convierten el tiempo de sus padres en una piedra pesada: los enfados, cuando no hago los deberes, cuando contesto de mal modo, cuando no soy obediente…
Por último se sacó otra voluminosa piedra, ésta con aristas muy marcadas. Y esta vez fue el grupo de catequistas el que expresó en qué momentos su tarea se convierte en un viaje pesado: comunicaron que las dificultades, cuando surgen, provienen del desaliento que a veces nos invade, tal vez porque llegamos cansados, o por el escaso compromiso de algunos padres, que dejan a los niños en la celebración de la misa y se marchan para volver a recoger a los niños al final de la Eucaristía, o por la falta de atención de los niños, etc.
Las piedras quedaron allí, a los pies del altar, delante de Cristo. Él, una vez más, hoy nos ofrece su mano tendida durante este tiempo de Cuaresma, para ir reconociendo qué piedras cargo en mi mochila y además recordarnos que tenemos la suficiente fuerza para ir arrojándolas fuera de nuestro camino, porque Él está siempre con cada uno de nosotros.
Con este espíritu, todos recibimos la imposición de la Cruz, bajo la fórmula que el P. Sergio pronunciaba “Cree en el amor de Dios”.
Los niños acudieron junto a sus padres y fueron marcados por la Cruz, por la auténtica señal del cristiano, que es la cruz de Cristo, cuya vida y Palabra nos muestra que nuestra auténtica marca y signo es el Amor.
Grupo de Catequistas
Gracias Adela y catequistas, gracias sor Isabel por esta celebración tan sentida, gracias por ser transparentes en vuestros aportes para que este tiempo de conversión sea tocado por la Misericordia.
ResponderEliminarLa mochila se hace ligera con vosotros catequistas de Santa Luisa de Marillac, sois los mejores.
P. Sergio