Es el tiempo que marca la Iglesia de conversión, ayuno y oración, para preparar la celebración de la pasión y muerte de Jesús, paso previo para llegar a la gran fiesta de la Pascua del Señor.
La Cuaresma comienza con la ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros, para dejar paso a la novedad de la vida pascual en Cristo.
La ceniza debe hacernos tomar conciencia de la nada, de la muerte, de la caducidad del ser humano, debe por tanto hacernos más humildes. Con este símbolo Dios nos invita a la conversión, a volver, a cambiar, a renovarnos, a dejar atrás al hombre que vive de espaldas a Cristo y al Evangelio y dar paso al hombre nuevo, el que ha dicho sí a Jesús y vive según su Evangelio.
Hoy iniciamos un camino de esperanza, un camino que nos invita a acercarnos más a Dios, un camino que nos ofrece la oportunidad de arrepentirnos, de pedir perdón por todo lo que en nuestra vida no se adecua al Evangelio, es en definitiva una llamada de Dios al corazón para que nos dejemos reconciliar con Él.
Es tiempo de oración personal, de escucha de la Palabra, para reflexionar sobre lo que creemos y así reorientar nuestro proyecto de vida. Es tiempo de afinar el oído para escuchar lo que Dios nos dice a través de nuestros hermanos.
Paco y Sete

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