miércoles, 15 de mayo de 2013

ARTÍCULO PARA «LA REVISTA DE COLORES» DE CÓRDOBA

«Nuestra herencia son los pobres» o la opción preferencial por ellos

P. Sergio Asenjo Quirós C.M. (misionero paúl)

    Vicente de Paúl, lógicamente, nunca empleó la frase «opción preferencial por los pobres». Pe­ro con otras palabras más propias de su época, «nuestra herencia son los pobres», por ejemplo, expresó inequívocamente su «pasión por ellos» y vertebró su espiritualidad y la de sus seguidores en la preferencia absoluta y, en cier­to modo, exclusiva por los abandonados. Incluso, en sus formulaciones, se adelantó muchos siglos a lo que la Iglesia Latinoamericana en Medellín dijo en 1968: «dar la preferen­cia efectiva a los sectores más pobres y necesi­tados y a los segregados por cualquier causa», y a la expresión acuñada en Puebla en 1979: «op­ción preferencial por los pobres».
    Hay y ha habido, a través de la historia, crite­rios y motivaciones de diversa índole para hacer esta opción preferencial por los pobres. Por éti­ca, por utopía política, por sentimientos huma­nistas y, evidentemente, por imperativo de la fe. Lo que nos interesa, precisamente, es descubrir el por qué de la «opción preferencial por los po­bres» en Vicente de Paúl y, consecuentemente, en el espíritu vicenciano. O, lo que es lo mismo, se trata de clarificar el sentido profundo desde dónde sitúa Vicente de Paúl su toma de partido por la causa de los pobres y su actitud de servi­cio integral, y desde dónde deben seguir optan­do y sirviendo sus «hijos» e «hijas».


  1. Desde el sentido teológico
    La «opción preferencial por los pobres» antes que un mandamiento y un compromiso es una re­alidad de fe o una verdad teológica. Dios es el pri­mero que opta por los pobres, sus raíces arraigan en el mismo Dios. Por tanto, la causa de los po­bres es la causa de Dios y la cuestión de los po­bres es la cuestión de Dios.
   En esta perspectiva hay que colocar e inter­pretar la fe y la experiencia de Vicente de Paúl cuando afirma: «Dios es el protector de los po­bres». En el mismo horizonte hay que situar y comprender al Fundador de la Congre­gación de la Misión y de las Hijas de la Caridad cuando les transmite el espíritu vicenciano. Así, el 25 de octubre de 1643 interpela a los Sacer­dotes de la Misión: «¡Pobres de nosotros si somos remisos en cumplir con la obligación que tenemos de socorrer a los pobres! Porque nos he­mos dado a Dios para esto y Dios cuenta con no­sotros…» (XI, 56-57).


  1. Desde el sentido cristológico
   Ciertamente, nada entendería sobre la «opción preferencial por los pobres» en la espiritualidad y en la práctica vicenciana, quien ignorase la vin­culación esencial entre Jesús y los pobres.
    Porque la vida y la misión de Jesús están tan estrechamente referidas al mundo de los pobres y a él pertenecen de forma tan esencial, que sin esa referencia o pertenencia o con su incorrecta comprensión, queda desvirtuado el mismo Jesús en su condición de salvador de todos los hom­bres.
  Para descubrir el criterio definitivo de la opción por los pobres en Vicente de Paúl y en sus se­guidores, es preciso introducirse en el mensaje y en la misión de Jesús como referencia absolu­ta a su predilección por los pobres. En términos de Vicente de Paúl, esta opción equivale a «ex­presar al vivo la vocación de Jesucristo»: «¿Ver­dad que nos sentimos dichosos, hermanos míos, de expresar al vivo la vocación de Jesucristo? ¿Quién manifiesta mejor la forma de vivir que Je­sucristo tuvo en la tierra sino los misioneros?… ¡Oh! ¡Qué felices serán los que puedan decir, en la hora de su muerte, aquellas palabras de nues­tro Señor: “Me ha enviado a Evangelizar a los pobres”.


  1. Desde el sentido eclesiológico
    Naturalmente, si la Iglesia es sacramento de Cristo, debe prolongar en el mundo la preferen­cia del Maestro por los desheredados. Así lo en­tendió Vicente de Paúl. El jamás separa este tri­nomio: Cristo-Iglesia-Pobres.
    Para Vicente de Paúl la Igle­sia es una comunidad de caridad, que continúa el «espíritu de caridad perfecta de Cristo». No es una promesa de poderío, sino la Iglesia «sierva y po­bre», la «Iglesia de los pobres». Por eso, cuando se está con los pobres y se pone el máximo de efectivos al servicio de los necesitados y desva­lidos, se está seguro de permanecer en la Igle­sia de Cristo. no tienen nada más que su pobreza”. El Papa Francis nos lo ha recordado en su “sueño”: una Iglesia pobre y para los pobres.


  1. El juicio de los pobres
    Si hubiera que sintetizar en una sola frase «el juicio de los pobres», habría que escoger aquélla que san Vicente pronunció en la conferencia del 11 de noviembre de 1657 a las Hijas de la Cari­dad: «Los pobres son los grandes señores del cielo; a ellos les toca abrir sus puertas…» (IX, 916). Y así, con este «juicio de los pobres» Vicente de Paúl nos quiere decir algo muy fundamental: que esos seres, los pobres, aparentemente despre­ciables, sin derecho a la mirada de la sociedad ego­ísta y altanera, son, en realidad, grandes; y que nosotros somos sus servidores humildes e «in­dignos de rendirles nuestros pequeños servicios».

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