miércoles, 16 de enero de 2013

SONRISAS Y LÁGRIMAS -DESPEDIDA AL PADRE EUGENIO-

Foto con escudo del equipo del que
 es hincha el padre Eugenio.
La comunidad parroquial, a pesar
de ello, lo sigue queriendo.
El domingo 13 de enero de 2013, le dimos la despedida al P. Eugenio en la celebración de la Eucaristía. Fue una celebración digna del día: Domingo en que Cristo ha vencido la muerte por la Resurrección. Celebramos la Resurrección de la Alegría y de la Fraternidad. Es posible un mundo nuevo con detalles pequeños, pero grandes: la sencillez y la humildad pueden más que la arrogancia y el poder.

Iniciamos la celebración con un fondo musical: música de samba, de la tierra-continente que vio nacer al que hemos engendrado con lazos de amor cristiano: Eugenio, se lo devolvemos a su tierra-continente no como lo hemos recibido: un extraño, sino como un hermano, un hijo, un compañero de camino que nos facilitó el ambiente para ver a Cristo. Eugenio es nuestro, de nuestra Barriada, de nuestra parroquia, de Córdoba la llana, la sultana, la mora, la cristiana de testigos del Resucitado.

Poco a poco los hermanos y hermanas, pequeños y grandes, enfermos y sanos, fueron ocupando sus puestos: en nuestra parroquia no sobra nadie, como en el corazón de Eugenio no sobra nadie, todos estamos en él. La cara de Eugenio recibía a los que llegaban a su casa-templo con una sonrisa abierta y franca, la sonrisa que quedó en la retina y en el corazón de cada uno de los que hemos conocido a este misionero paúl que ha dejado huella en nuestras vidas.

Iniciamos la Misa con las palabras de bienvenida de Agustina, ella nos decía que celebraríamos el bautismo de Juan y que en este marco celebraríamos nuestro bautismo y el de Eugenio, que como sacerdote, profeta y rey nos hizo vivir en primera fila el espectáculo del amor de Cristo.

Un coro espectacular, dirigido por la buena hermana Isa nos deleitaba y animaba con el canto a entrar a la Casa de la Celebración, donde todos somos celebrantes hermanos en torno a Cristo Altar, Cristo Palabra, Cristo Pan. Un coro de cuarenta voces: ¡qué milagro! Es motivo de alegría.

El canto del Gloria fue acompañado con el gesto bautismal de la aspersión del agua bendita por parte de Eugenio, era como su bendición despedida y como si nos dijera: de nosotros los bautizados deben brotar ríos de agua viva que nos hagan ser frescura en un mundo añejo y cansado, en una iglesia añeja que tiene la tentación de la involución.

Las lecturas se fueron sucediendo y proclamando por la Hijas de la Caridad, cada una desde su tono y su realidad: desde la barriada y desde la educación, en los dos mundos vicencianos que se manejó Eugenio.

Isaías y Pablo nos hablaron desde el optimismo del que genera Vida y desde el que nos ha adquirido para salvar a los otros. Sí, somos salvadores en Cristo. Salvadores heridos, pero salvadores.

La proclamación del Evangelio la hizo José Ángel, como representante de la comunidad de los padres paúles de la Provincia Canónica de Salamanca. La gente estaba que se lo comían con la mirada, pensaban que sería el sustituto de Eugenio. Pero él como digno representante de nuestra Provincia lo clarificó: estaré con vosotros una semana, os traigo el agradecimiento de Eble y de toda la Provincia por haber acogido a Eugenio y a él  agradecerle por la labor silenciosa y efectiva realizada en Sevilla y en Córdoba.

La homilía Eugenio se negó a hacerla, le pidió a Sergio que la hiciera y éste invitó a todas las pastorales a expresar los dones bautismales que habían encontrado en Eugenio. Cada una da las pastorales y del Movimiento de Cursillos, así como las comunidades de las Hijas de la Caridad y las Misioneras de la Inmaculada Concepción se fueron acercado al micrófono que ponía decibeles a los valores que se expresaban, dos fueron los que más se repitieron: la sonrisa y la humildad.

Hace algunos años, en Madrid, escuché una ponencia de un gran teólogo católico. El título de la ponencia era: “¿qué espera el Norte del Sur?” concluía la ponencia afirmando que el gran valor que esperamos de las iglesias del Sur, de las Iglesias del Tercer mundo es el valor de la sonrisa: atestiguo que es verdad: en Eugenio hemos encontrado el valor y la fuerza de la sonrisa: se mueve más con una sonrisa que con la cara amarga, preucupada y solterona de los religiosos (algunos, que cada vez somos mayoría).

Las ofrendas fueron la vida de la comunidad da Santa Luisa de Marillac: la vida se le presentaba al Autor de la Vida. Pan, Vino, Agua, una barca como símbolo de la fe y una botella de vino de gran reserva: así es Eugenio: un buen vino que no da resaca ni dolor de cabeza... un buen vino añejado en los toneles de la vida bautismal en Cristo.

Antes de la bendición final, Eugenio expresó un bello discurso de despedida: vine con San Vicente de Paúl ahora me voy con Santa Luisa de Marillac. No quiero alterar con mis pobres palabras aquel bello discurso que queremos conseguirlo, se lo hemos pedido para publicarlo, solo decir que me recordaba a Pablo cuando en los puertos, a punto de embarcarse dirigía entre sollozos y lágrimas su palabra a las comunidades que él había hecho nacer en el bautismo. El discurso provocó el aplauso de pie de toda la asamblea, 2 minutos sin parar, muchas lágrimas y una eterna sonrisa del bueno de Eugenio.

Salimos al patio y ahí se dio el milagro de la mesa fraterna, las viandas deliciosas de  la cocina cordobesa, lo mejor de nuestras manos que traíamos con la ilusión de compartir y que las probara Eugenio. El patio abarrotado, la fiesta, los cantos de despedida y las sevillanas que a su manera bailó Eugenio. Era la danza que sólo en Cristo se puede perdonar: pasos diferentes, ritmos diferentes en la Unidad de la Música del Dios de la Alegría, del Dios de la sonrisa que nos hizo conocer.

Padre Sergio

1 comentario:

  1. Soy sacerdote y me llamaba la atención el cariño entre estos tres misioneros: Ramón, Eugenio y Sergio: tan diferentes pero tan unidos. Su amistad me daba envidia sana y me hacía preguntar: por qué en las comunidades de sacerdotes y religiosas no es común encontrar eso?

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