No hace mucho tiempo leí un cuento que me llamó la atención. Los cuentos no solo sirven para dormir a los niños, también para mantener despiertos a los mayores. El título del cuento es “Sopa de piedra,”
“Se trata de una ciudad en la que la gente es pobre. Cada persona guarda el alimento que tiene y atiende sólo a sus propias necesidades. Llega un día un extranjero a la ciudad y la gente le dice que se marche porque no hay comida para él en esa ciudad. El extranjero les dice que no necesita su comida. Saca una piedra de su bolsa y dice que con esa piedra hará una sopa deliciosa. Capta inmediatamente la atención de la gente que quiere conocer este secreto. Así que, el extranjero les dice que necesita un puchero, agua y algo de leña para hacer fuego. Una persona le trae el puchero; otra saca agua del pozo y una tercera trae parte de su leña para que el extranjero pueda hacer su sopa de piedra. El pone el agua y la piedra en el puchero y enciende el fuego, se sienta y espera a que la sopa de piedra esté lista. La gente espera también con impaciencia. Después de un rato, el extranjero dice que para cambiar, es bueno añadir a la sopa de piedra unos cuantos huesos de jamón curado. Uno de los vecinos de la ciudad dice que él los tiene, los trae y los echan en el puchero. Unos minutos más tarde, el extranjero dice que en algunos lugares él ha añadido una patata, una zanahoria o una cebolla a la sopa para darle algo de sabor y color. Y rápidamente, la gente saca de sus escondites unas cuantas patatas, zanahorias y cebollas que se cortan y se echan en la sopa. Y el cuento continúa como todos los cuentos. Poco a poco, cada uno contribuye con algo a la sopa, y cuando está preparada, todo el mundo toma algo de esa sopa tan sustanciosa hecha con una piedra”.
La moraleja del cuento necesita poca explicación. Es un cuento que enseña a la gente a compartir y a aprender que cuando se coopera, se puede conseguir mucho y se puede atender a las necesidades de todos. Esta realidad aparece en los Hechos de los Apóstoles en la primera comunidad cristiana y encuentra ecos en la descripción de la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo. También es una historia que creo que Vicente de Paúl encontraría aceptable.
Los comienzos de Vicente de Paúl al servicio de los pobres podrían encontrar cierta similitud con este cuento. Allá en Chatillón, en su homilía del Domingo advirtió a sus feligreses de la grave situación en la que se encontraba una familia con todos sus miembros enfermos y, sin que nadie pudiera atender sus necesidades. “Dios movió los corazones de los que me escuchaban”.
San Vicente ve como la gente responde con generosidad a las necesidades de la familia, pero ¿y en el futuro?. Hace falta una organización que de manera sistemática permita atender las futuras necesidades. Comienza de este modo las caridades para socorrer a las personas necesitadas que de otra manera no se podrían solucionar si fuesen individuos aislados.
Nuestro querido Ángel Luís, responsable de este blog, nos ha preparado un precioso resumen de la “Sopa de piedra” que entre todos cocinamos en el curso anterior. El propio Obispo D. Demetrio puso con su visita Pastoral a nuestra Parroquia, un ingrediente más en nuestro puchero haciendo más deliciosa la sopa de piedra, conociendo y gustando de primera mano de todos sus ingredientes (todos los grupos parroquiales y sus múltiples responsabilidades en la parroquia). Nos consta que nuestra “Sopa-Proyecto-Cruzando-Puentes”, gustó a D. Demetrio.
Tras el merecido descanso estival, tenemos listo nuestro puchero para que entre todos y, poniendo los mejores ingredientes (lo mejor de nosotros mismos) comencemos a cocinar otra “Deliciosa Sopa de Piedra”. Un abrazo a todos.
Manolo Triguillos
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