¡Bienvenido
a la república
independiente de tu vida!
A
propósito del mensaje cuaresmal del Papa: soy guardián
del otro.
La
mayoría de nosotros no ponemos en duda que el ser humano es un
ser social. Como tal ha de vivir junto a otros. No es algo accesorio,
parece necesario para nuestra vida y por ello quizás conviene
pararse a pensar en cómo son nuestras relaciones y encuentros
con los otros….
Si
nos detenemos un momento, es fácil percibir un buen número
de conflictos cuyo origen es la convivencia con los “otros”, con
los más cercanos, pero también con quienes convivimos
en sociedad, en mi vecindad, en la facultad, en la calle, en los
lugares de ocio y fiesta etc….
Algunas
veces uno piensa si esto de convivir no sería un poquito más
sencillo, si antes de actuar uno se pararse un pequeño
instante y se preguntase….¿y
esto cómo puede afectar a los demás…?
La
realidad
es
que no estamos solos, compartimos ámbitos de nuestras vidas
con “otros”, otros que
tienen
sus vidas, sus inquietudes, alegrías y deseos, también
problemas….., otros con los que
deberíamos
comportarnos como prójimos…
¿Y
quién es mi prójimo….?
La
conciencia del otro. Salir de uno mismo en la sociedad egocéntrica
Para
responder esta pregunta, Jesús utiliza una parábola que
todos conocemos, la parábola del buen samaritano. Un
Samaritano que pasando por el camino, ve a alguien malherido, se
acerca y se hace cargo de él…. Un ejemplo de alguien que es
capaz de ver lo que le ha sucedido a otro, capaz de percibir a otro
que necesita ayuda; una persona que ante una necesidad concreta se
pone manos a la obra y hace lo posible para aliviar la situación.
Seguramente
este samaritano tenía sus cosas que hacer, sus asuntos, su
agenda. A lo mejor no le gustaba nada ver sangre, pararse ante un
desconocido. Es probable que pensara, que era un peligro parar, que
ya pararían otros…. Ciertamente excusas y justificaciones no
le iban a faltar para pasar de largo…. Pero lo que es seguro es que
se detuvo y se acercó para ayudar…
1.
caer en la cuenta… “el otro existe”
En
nuestro día a día nos encontramos, cruzamos,
interaccionamos con un buen número de personas.
[Párate
un momento, y piensa…. ¿cuántas personas se han
cruzado hoy en tu camino? ¿Cuántas personas viven cerca
de ti? ¿a cuántas personas les pueden afectar algunas
de tus decisiones habituales? ¿Cómo te has relacionado
con cada una de esas personas?....]
La
presencia de “los otros” nos interpela, provoca en nosotros una
respuesta: reconocimiento, negación, alegría,
indiferencia, preocupación, miedo, compromisos…. ¿reconozco
alguno de estos sentimientos o imágenes en la relación
con las personas que me rodean?
Un
“don nadie”: como si no existiese para mí. Existe
materialmente, pero no como persona…
Un
“instrumento”: es un paso adelante, se considera al otro, pero se
le considera como algo que me sirve. Pasa a ser un objeto de cuyas
propiedades yo me sirvo para mis fines….utilizo a los otros…
Un
“rival”: el otro pude convertirse en un obstáculo, algo
que se interpone en mi camino o intereses…”el
infierno son los otros” (Sartre)”
“un
objeto de contemplación”: reducimos un “tu” a un “ello”.
El “otro” pasa a ser para mí un espectáculo. Me
retiro, dejo distancia y contemplo…
2.
Un paso más: no solo reconocer, sino ser capaces de ponernos
en el lugar del otro….
No
es fácil eso de intentar ponerse en el lugar del “los
otros”….algo nos cuenta ya la historia de Caín y Abel:
¿Acaso
soy yo el guardián de mi hermano? (Gn 4,9)
No
es fácil en los tiempos que corren, en medio de una sociedad
que nos invita constantemente a centrarnos en nosotros mismos: a
buscar dentro de nosotros, a conocernos, a fortalecer nuestra
autoestima… como si sólo existiesen nuestros problemas,
nuestros deseos.... (Para esto un buen antídoto es viajar, uno
descubre que no es el centro del mundo….)
No
es fácil porque a menudo no sabemos demasiado de “los
otros”. Es muy difícil decirse de verdad cosas que molestan.
Es fácil relacionarse a un nivel, pero no a otro. Es difícil
criticarse de verdad, reprocharse de verdad, preguntarse de verdad…
Es posible que necesitemos recuperar, educar esa capacidad para
ponerse en el lugar del otro, de empatía, de imaginar al otro
como un yo. Para no COSIFICAR a las personas.
3.
Actuar
teniendo en cuenta a los otros. Ahí
está el último paso, y el que marca la diferencia.
Porque oye, saber, saber, podemos llegar a saber que hay otros… la
teoría está clara. Lo que es más difícil
es actuar teniendo en cuenta a los otros. Incluso, a veces,
anteponiendo sus intereses a los míos (si se tercia). Pero
claro, ¿no es ser un poco pardillo? Porque, al fin y al cabo,
aquí cada quién va a lo suyo, ¿no? Así es
el mundo. AHORA; PARA DIALOGAR…. LA TEORIA ES FACIL. Todos la
sabemos. Pero del dicho al hecho hay un trecho. Porque luego es muy
difícil tener en cuenta otros intereses, preocupaciones o
perspectivas. Primera propuesta.
Buscar
en la vida diaria ejemplos de situaciones en las que uno mismo (u
otros) actúa teniendo en cuenta únicamente sus propios
intereses, y ni se da cuenta de cómo eso afecta a otros… no
por mala voluntad sino porque ni te das cuenta de lo que les ocurre a
los otros. Piensa en
ejemplos
de egoísmo cotidiano (que quizás te parecen
inevitables…)
Piensa
en conflictos (tuyos
o de otros) en los que la incapacidad de ponerse en el lugar de otros
son las que generan todos los problemas…
Ponte,
por un rato, en la piel de otros significativos para ti (familiares,
amigos, parejas)… Y ahora piensa sin más en sus vidas.
En sus problemas. En lo que sabes de ellos.
Y
ahora, la pregunta del millón. ¿Es posible evitar el
ser un poco egoísta? ¿Cómo? ¿Cuál
es el camino?
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