Con
el lema: “los niños ayudan a los niños” celebramos el domingo
26 el día de la Infancia misionera.
En
la celebración vivimos momentos preciosos, gestos, símbolos…
despertando en los niños y adultos la sensibilidad y la importancia
del compartir con los que tienen menos que nosotros.
Durante
la proclamación del Evangelio en las palabras: “El pueblo que
habitaba en tinieblas vio una luz grande”, desde el fondo de la
Iglesia aparecía un niño con el cirio encendido y todos entonamos
el canto: “El Señor es mi luz…” continuamos y desde distintos
lugares de la Iglesia, salían niños con velas de colores
representando cada Continente, se recibía con un gran aplauso y
oración sintiéndonos hermanos y solidarios con ellos.
En
el momento del ofertorio, ellos querían tambien aporta su “granito
de arena” sintiéndose misioneros, y cada uno presentaba su hucha
con los ahorrillos de la semana, privándose como algunos decían de
comprar chuches, para que ese dinero fuera para los niños pobres.
Las
caras de los niños, eran de admiración y alegría por todo lo
vivido y compartido en la Eucaristía, sabiendo que con su oración y
colaboración son misioneros.
Daban
gracias al Señor, por ser tus “pequeños misioneros” y
contribuir a que esos niños puedan recibir, comida, educación y la
oportunidad de oír hablar de Jesús como la tenemos nosotros.
(Decían ellos).
Sor
Isa






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