lunes, 26 de noviembre de 2012

COMO VIVIR ESTE ADVIENTO EN NUESTRA PARROQUIA



ADVIENTO PARA EL AÑO DE LA FE

Parroquia Santa Luisa de Marillac
CÓRDOBA

Redescubrir la figura de María como testigo de la fe. Cuidar las tres imágenes que tenemos de nuestra Madre: en el Templo, en la Capilla y en el patio, puede ser un buen pregón de cómo queremos vivir el adviento y qué nos trae el adviento.
Presentar a Jesús como el punto final de todas las profecías y como centro de las próximas fiestas navideñas. Lo fundamental, del Misterio de la próxima Navidad, es que el Hijo de Dios se hizo hombre en Belén naciendo de Santa María Virgen.
Incidir que, como Juan Bautista, nosotros estamos llamados a preparar los caminos del Señor en medio de un mundo al que le cuesta mucho reconocer los signos de su presencia. La parroquia, en ese sentido, tiene un gran reto: allanar senderos, recordar a Aquel que viene. Recordar a nuestros vecinos, en nuestra Barriada que Él está aquí: en los grupos apostólicos, en la liturgia, en las misas, en los cursos de Catequesis y Biblia, en la Caridad, en todo lo que hace y respira la parroquia.
Preparar nuestra parroquia no al mal llamado “espíritu navideño” sino al espíritu cristiano de la Navidad. Los adornos, lejos de ser tibios, han de manifestar claramente la verdad de nuestro mensaje: Dios se hace hombre. El espíritu cristiano de la Navidad no debe de ser confundido con otros valores como ser solidarios, tener buenos sentimientos o ser positivos por unos días. A Belén se va de una forma y se regresa de otra: impresionados de y por el amor de Dios.
Recordar, como recientemente nos ha recordado el Papa Benedicto XVI,  que no se puede disociar fe y caridad. La Navidad no tiene como fin sacudir  unos sentimientos más o menos nobles sino, desde el amor de Dios, saber que nosotros estamos llamados a ofrendarnos por los demás. “Despréndete de un kilo” puede ser una llamada a compartir un kilo de alimentos con los más necesitados.
Invitar  a la esperanza ante tanta inquietud. En el fondo, la ansiedad y preocupación de muchas personas, estriba en una razón de fondo: el vacío espiritual. El gran peligro de la crisis que estamos padeciendo no sólo radica en los bolsillos empobrecidos sino en las almas tibias y hasta frías.
Instar a la vigilancia cristiana. Los que esperamos a Jesús no podemos quedarnos impasibles o adormecidos por el cloroformo dominante del relativismo o de la timidez apostólica. El Año de la Fe nos invita, entre otras cosas, a señalar con nuestro dedo a Aquel que esperamos: Cristo. Y, si nosotros apuntamos hacia Jesús, algunos de los que nos rodean mirarán en la dirección señalada.
Si la Palabra se hizo carne en Belén, la Palabra, tiene que tener una importancia relevante en nuestra vida cotidiana. El evangelio de cada día puede ser una iniciativa a proponer en todas nuestras casas. Dejémonos acompañar por su Palabra. Con motivo del Año de la Fe una buena iniciativa sería el leer ininterrumpidamente, en un día señalado, los evangelios de la infancia de Jesús. ¿Qué te parece si lo hacemos el 24 de Diciembre antes de la misa del Gallo (a las 7 de la tarde)?.
La próxima Navidad, además de irrupción de Dios en la humanidad, es Misterio, adoración, silencio. Rezar, decía Teresa de Jesús, es estar con Aquel al cual tanto se ama. La Adoración Eucarística nos ayudará, en este Año de la Fe, a tomar conciencia de que Dios está mucho más cerca de lo que pensamos. El Santísmo tendrá su lugar en el corazón de nuestro complejo parroquial: tendremos oratorio donde podremos ir a cualquier hora del día a estar con nuestro Amigo.
El Señor vendrá por Navidad y tal vez muchos de nosotros no lo recibiremos. El Adviento, en el Año de la Fe, supone colocar a Dios en el lugar que le corresponde quitando toda hojarasca que nos impide amarlo, celebrarlo, vivirlo, adorarlo. Nuestro Belén parroquial, hecho por nuestra Pastoral Familiar debe tener un sabor distinto: mostrarnos a Aquel que nace todos los días en nuestra Barriada. Nuestro Certamen de Villancicos tendrá un sonido distinto: en medio del ruido voces cantando que es posible desde que nación el Eterno hacer las cosas imposibles.
En el Año de la Fe se nos invita como crecimiento espiritual a recuperar o consolidar más aún el Sacramento de la la Reconciliación (Confesión, Penitencia). Jesús no quiere nacer  en cuna noble pero si entre pañales limpios. ¿Qué barreras me separan del Señor? ¿En qué he descuidado mi fe? ¿Conozco los diez mandamientos o los he reducido a mi conveniencia?  El Adviento es tiempo de limpieza. Dios nace en la noche oscura pero lo hará en los corazones cristalinos. Con la presencia de tres sacerdotes en una parroquia como la nuestra quedarnos con los pañales sucios es una torpeza de corazón.
El Adviento es una herramienta que nos ayuda a ordenar nuestra propia vida. A enderezar nuestros caminos, a la vigilancia. En el Año de la Fe no podemos dejar de lado aspectos esenciales de nuestro cristianismo. La Navidad no es sentimentalismo. En la Navidad celebramos el Nacimiento del Hijo de Dios. Tal vez, estas cuatro semanas, pueden ser una oportunidad para estudiar, crecer y consolidar las verdades más fundamentales sobre Jesucristo y su Divinidad. El libro del Papa “La infancia de Jesús” puede ser un gran regalo a nosotros y a los demás con motivo del cumpleaños de Cristo.
En su libro sobre la Infancia de Jesús el Papa Benedicto XVI señala que en el Portal de Belén la burra y el buey son un elemento que la tradición colocó reconociendo que aunque seamos irracionales y duros de entendimiento Él se nos puede aparecer. El Adviento, en este Año de la Fe, nos invita a no quedarnos en los adornos que la tradición, y con buena intencionalidad, ha ido colocando alrededor de lo importante: del Misterio. El Adviento si que nos invita a adornar nuestros corazones, nuestras almas o nuestro interior con las mejores virtudes. Qué importante es, además de adornar el árbol o la vivienda, hacerlo también con uno mismo.
El Año de la Fe nos incita a la alegría de ser cristianos. Al orgullo de ser católicos. El Adviento jubilar del presente año nos puede empujar a vivir nuestra fe con más alegría. Un INVITADO de la categoría de Jesús merece mil sonrisas y, sobre todo, una buena acogida. Recuperar los villancicos, la colocación símbolos cristianos (estrellas, nacimientos, Niños Jesús)  pueden ser un claro exponente de la alegría con la que se espera el Misterio de la Navidad.
El Adviento, en este Año Santo de la Fe, debe ser especialmente intenso para preparar la Santa Navidad. Una de las verdades fundamentales del cristianismo es el hecho de que Dios se hizo Hombre. ¿Cómo podemos llevar esta noticia a una sociedad descreída? El teatro de Navidad de los niños de Catequesisi deberíamos de propagarlo, lo tendremos el domingo 16 de Diciembre en la misa de 11 de la mañana, y a los 6 días (21 de Diciembre) el III Certamen de Villancicos “Cruzando Puentes” a las 7 de la noche... No  olvidemos que, la fe, no la podemos reducir al ámbito privado. Eso no sería Navidad. Eso sería opacidad del Misterio que celebramos.

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